La hepatitis C es una enfermedad que causa inflamación e infección en el hígado. Esta afección se desarrolla después de infectarse con el virus de la hepatitis C (VHC). La hepatitis C puede ser aguda o crónica.

A diferencia de la hepatitis A y B, no hay vacuna para la hepatitis C, aunque los esfuerzos para crear una continúan. La hepatitis C es altamente contagiosa, lo que explica el alto número de personas que la padecen. Aprende más de los diferentes tipos de hepatitis.

Los síntomas de la hepatitis C aguda empiezan rápido y duran algunas semanas. Sin embargo, los síntomas de la hepatitis C crónica se desarrollan después de algunos meses y puede que no se noten al inicio. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 71 millones de personas tienen hepatitis C crónica.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés) manifiestan que del 70% al 80% de las personas con hepatitis C no tienen síntomas. Si bien esto es verdad, algunas personas presentan síntomas de leves a severos. Estos síntomas incluyen:

  • fiebre
  • orina oscura
  • pérdida del apetito
  • dolor o incomodidad abdominal
  • dolor en las articulaciones
  • ictericia

Puede que los síntomas no aparezcan de inmediato. Algunos toman de seis a siete semanas para aparecer.

La hepatitis C se transmite por medio del contacto de sangre a sangre con alguien infectado con el VHC. Se puede propagar por:

  • trasplantes de órganos
  • transfusiones de sangre
  • compartir objetos como rasuradoras o cepillos de dientes
  • compartir agujas
  • nacimiento (pasa de una madre con hepatitis C a su bebé)
  • contacto sexual si se intercambia sangre

Las personas que tienen un riesgo alto de la infección de VHC incluyen a aquellos que:

  • tuvieron una transfusión de sangre antes de 1992
  • recibieron un trasplante de órganos
  • recibieron concentrados de factor de coagulación u otros productos sanguíneos antes de 1987
  • recibieron tratamiento de hemodiálisis por mucho tiempo
  • nacieron de una madre con hepatitis C
  • tuvieron una pareja sexual infectada con hepatitis C
  • usaron agujas que ya habían sido usadas

La hepatitis C es contagiosa. Sin embargo, solo se propaga por medio del contacto de sangre a sangre, no es probable que te contagies de hepatitis C por medio del contacto casual. Hay muchas otras infecciones que son mucho más contagiosas. Sin embargo, es importante saber cómo se puede o no propagar la hepatitis C.

Puede ser que un médico no tenga suficiente evidencia para diagnosticar la hepatitis C solo con los síntomas. Es importante que informes a tu médico si has estado expuesto a la hepatitis C.

Tu médico puede ordenar una serie de pruebas de sangre para verificar si hay signos de una infección del VHC. Si estás infectado, también hay pruebas que pueden medir la cantidad del VHC que hay en tu sangre. Puede usarse una prueba de genotipo para determinar el genotipo de hepatitis C que tienes. Esta información ayudará a determinar qué tratamiento funcionará mejor para ti.

Si tu médico piensa que tienes daño hepático, ordenará una prueba de función hepática para revisar tu sangre en busca de señales de enzimas hepáticas aumentadas. Otra prueba para verificar el daño hepático es una biopsia de hígado. Tu médico tomará una pequeña parte de tejido de tu hígado y verificará si hay anormalidades celulares.

Saber lo que pasa durante las pruebas de hepatitis C puede ayudar a hacer más fácil el proceso.

Ciertas sustancias extrañas que entran en tu cuerpo activan tu sistema inmunitario para crear anticuerpos. Los anticuerpos están programados específicamente para atacar y combatir la sustancia extraña para la que se crearon. Si estás infectado con VHC, tu cuerpo creará anticuerpos contra la hepatitis C que solo ataquen el VHC.

Ya que tu cuerpo creará solo anticuerpos contra la hepatitis C si tienes esta afección, la prueba de anticuerpos contra la hepatitis C puede confirmar que hay una infección del VHC al determinar que hay anticuerpos contra dicha enfermedad.

Desafortunadamente, todavía no existe una vacuna contra la hepatitis C. Sin embargo, hay muchas otras maneras para prevenirla.

No todas las personas infectadas con hepatitis C necesitarán tratamiento. En algunas personas, su sistema inmunitario puede combatir la infección lo suficientemente bien para eliminarla de sus cuerpos. Si este es tu caso, probablemente tu médico querrá monitorear tu función hepática con exámenes de sangre regulares.

Para personas con sistemas inmunitarios que no puedan deshacerse de la infección, hay muchas opciones para tratar la hepatitis C. El tratamiento usualmente se reserva para quienes tienen daño hepático grave y cicatrización, y no hay otras afecciones que impidan el tratamiento.

Los regímenes anteriores de tratamiento de la hepatitis C requerían inyecciones semanales durante 48 semanas. Este tratamiento tenía el riesgo de causar efectos secundarios significativos y a veces potencialmente mortales. Los medicamentos desarrollados recientemente tienen porcentajes más altos de curación y menos efectos secundarios adversos. También requieren un periodo de aplicación más corto. Tu médico puede decidir si los medicamentos antivirales tienen más probabilidades de causar beneficios que daños.

Hay muchos medicamentos usados para tratar la hepatitis C. Estos incluyen interferones y antivirales.

Hay muchos tipos de genotipos del VHC y no todos los medicamentos contra la hepatitis tratan todas las infecciones del virus.

Cuando tu médico sepa cuál es tu genotipo de hepatitis C, tendrá una mejor idea de qué medicamento será más efectivo para ti.

Las complicaciones de la hepatitis C incluyen cirrosis y cáncer de hígado. Algunas personas con hepatitis C pueden necesitar un trasplante de hígado.

Las complicaciones usualmente se derivan de la hepatitis C crónica. Así que, entre más pronto recibas el diagnóstico, más pronto se puede implementar el plan de tratamiento que se espera evite estas complicaciones.

No hay lineamientos específicos para manejar la hepatitis C más que los que te indique tu médico para los medicamentos que te recete. Sin embargo, hay muchas cosas que puedes hacer, incluyendo cambios en tu dieta y estilo de vida, que te ayudarán a manejar la hepatitis C y vivir una vida más saludable.

La hepatitis C se transporta en la sangre, así que no se propaga tan fácil como otras enfermedades infecciosas. Hay tratamientos, pero algunos pueden tener serios efectos secundarios. Tu mejor opción es seguir los pasos que te ayudan a prevenir el contagio.

Si tienes un riesgo más alto de contraer hepatitis C que la población en general, debes realizarte pruebas regulares para detectarla. Si te contagias de hepatitis C, entre más rápido lo sepas, más oportunidades tienes de lograr un tratamiento exitoso.

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